Gente, les cuento que hoy su Charro Negro (como diría Dehesa) emprende otro blog titulado: “De Comentarios a Desvaríos”.
Aquí trataré temas de actualidad
política, artes, películas, conceptos filosóficos, psicología y otros desvaríos
que se me vayan ocurriendo. Espero lo disfruten.
DINERO Y LA SALUD ESPIRITUAL Y MENTAL
El siguiente texto son tan sólo reflexiones personales sobre el dinero y su influencia en el individuo, la familia, la sociedad. Si bien pienso que la retribución justa por un trabajo hecho con esfuerzo y amor sabe como miel y ese dinero que lograste producir evidentemente está respaldado por algo, ya sea una cuestión material, tangible o a través del trabajo intelectual o creativo. El ideal, la utopía de que el dinero alguna vez va a representar el alma, el amor, el espíritu que cada quién ponemos para producirlo para mi es tan sólo eso. A lo mejor algún día llegaremos a una economía tipo “Star Trek” donde el valor del trabajo se mida bajo otros parámetros y donde la acumulación sinsentido no tenga lugar. Yo he trabajado de muchas cosas, desde lavaplatos, mesero, vendedor callejero, agente de viajes, publicidad, casa de bolsa hasta trabajos de buen nivel en la cosa pública. En mi experiencia y desde mi perspectiva todos los trabajos son dignos, pero el valor que se les da a ciertos trabajos no lo es. Por ejemplo, un mojado que trabaja duro, a veces dos empleos, para ganar una miseria, pues es ilegal y por lo tanto explotado, ese dinero para él significa mucho, tiene un valor enorme pues seguramente lo envía a su país de origen para poder mantener a su familia. Lamentablemente, en la mayoría de las veces no sólo le costó un esfuerzo brutal, sino que también tuvo que tirar su dignidad a la letrina. Tuvo que aguantar malos tratos, condiciones indignantes, insultos, ser tratado como un subhumano. A mí me ha tocado vivirlo en carne propia varias veces. De repente dan ganas de perder el control e irse a la yugular del patrón. Ese dinero ya no sabe muy bien, pues tuviste que perder tu dignidad, tu autoestima. Una vez en México estuve trabajando de mesero, pues tenía que ocuparme y ganar algo de dinero. El sueldo y las propinas eran miserables. Imposible independizarse. Sin embargo, a mi me gusta servir y si son unos comensales educados es un placer. Pero cuando llegan unos comensales prepotentes, es una pesadilla, un infierno. Una vez llegaron los del grupo “La Ley” (no iba el cantante, no se vayan a decepcionar sus fans). Me tocó atenderlos, yo tenía toda la intención de hacerlo muy bien, como a cualquiera de los que me tocaba atender. El trato hacía mi fue tan prepotente (me tardé 15 segundos en prenderle el cigarro a uno de ellos y eso me costó una regañada departe de las “celebridades”) que un compañero me vio la cara e inmediatamente me sustituyó, yo estaba a punto de irme a los golpes. Ese dinero no sabe bien.
De los trabajos mejor remunerados que tuve el dinero tampoco me supo muy bien que digamos. Por un lado, mi esfuerzo y amor por la política noble, por la lucha de trabajar por cambios positivos me dificultaba, supongo que por una cuestión psicológica, valorar mi trabajo. Yo lo hubiera hecho gratis pues la causa era lo importante. Pero por otro lado era también venderle tu alma al diablo. Era un esclavo de la alta burocracia. Mi vida giraba en torno a la agenda del jefe en turno. No tenía vida propia. Trabajaba hasta 16 horas al día y tenía que estar disponible en cualquier momento. Nunca pude mantener ninguno de esos trabajos por mucho tiempo; o bien al jefe lo cambiaban de lugar o, en la mayor parte de los casos, mi rebeldía contra el orden establecido provocaba mi despido o mi renuncia. Entre los despidos o las renuncias sufrí de crisis depresivas y maníacas. Tenía un problema serio con el tema del trabajo y el dinero y lo sigo teniendo.
Yo pienso que la economía, el orden establecido es una realidad muy compleja sustentada en el mantra de “maximizar la utilidad a cualquier costo” en una competencia estúpida a ver quién es el que mea más lejos, quién acumula más y más.. Creo que esa es la realidad. Por eso me irritan varios enfoques conservadores y otros de moda (pseudo espirituales). Los conservadores protestantes siempre te van a decir “get a job looser”, los católicos te van a decir que hay que sacrificarse, comer mierda y luego, en el cielo, te van a retribuir tanto sacrificio. Y luego salen los “newagers”, con que la abundancia es un “choice”, que decreta la abundancia en tu vida y el Universo te la concederá. Que el dinero tiene alma y es atraído por aquellos que obran bien, que trabajes en lo que amas, por lo tanto el dinero llega por añadidura. Y ahí va la borregada con ojos brillando de ilusión a las convenciones de superación personal para que les digan “el secreto” de cómo funciona la abundancia en el Universo. Si no lo logras es que no estás haciendo bien el decreto o la invocación, o no sé qué mierda. Te dicen “es que así no es cómo funciona”. Entonces uno se siente culpable, o no hice bien el decreto, o no tengo la suficiente fe, o el dinero me está castigando por alguna razón o simplemente el universo me quiere dar una lección de vida, bah… Bueno, coño, si ya saben la solución para que la economía mundial funcione con amor y espiritualmente, que ellos y el Universo lo digan claramente, sin ambigüedades, que hagan un puto decreto universal. Para mi es otra máscara del puritanismo tradicional, eres pobre porque así lo has escogido. Que coman mierda. Que se lo digan a un padre de familia que trabajó toda su vida con dedicación y esfuerzo y a causa de una enfermedad de algún hijo se quedaron sin nada. Pero ellos siempre tendrán una respuesta, había algún “Karma” que tenían que pagar así como los haitianos escogieron su propia suerte, su pobreza. Qué perversidad, coño.
En fin, parece que los que si saben “visualizar y decretar” muy bien son los que cada vez concentran más riqueza a costa de los demás, en un mundo en donde nunca había habido tanta abundancia. Y sí gente, la falta de recursos para lo básico (techo, comida, salud y algo de entretenimiento), afecta la psique, provoca un estrés brutal. En mi caso, cada una de las veces que he perdido mi cueva, el techo, he experimentado una crisis de manía y posteriormente un largo período de depresión. Pero fue mi “choice” joder….

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